Un monstruo vino a verme

Este relato está basado en una historia real.

Ese día iba a ser diferente para mí, y lo sabía. Algo en mi interior me lo decía. Aún así, actué con total normalidad: me levanté a las 7 para darme una ducha rápida, desayuné y me vestí con la ropa habitual para ir a trabajar.

Él se levantó justo cuando iba a marcharme, y me retuvo a sabiendas de que algo le escondía:

—¿No vas a ir a trabajar, verdad? —me preguntó.

—Quiero estudiar, ya te lo he dicho. Esos exámenes son muy importantes para mí.

—¿Para qué quieres estudiar ahora, si ya tienes un trabajo?

—Porque me gusta esa carrera —le respondí.

Empezó a cambiar la expresión de su cara, aunque seguía usando su tono normal de voz.

—Vamos, cariño, ya lo hemos hablado mil veces. Es necesario que trabajemos los dos para que nos podamos comprar cuanto antes esa casa que tanto nos gusta. Sabes que te quiero muchísimo y que estoy deseando que nos vayamos allí para asentarnos —Empezó a acariciarme con cuidado el rostro y a besarme—. Vamos, cielo. Dime que tú también lo estás deseando.

—No lo sé. Necesito pensar más en ello. Creo que no debemos precipitarnos.

—Venga, nena, no hay que pensar tanto —Empezó a abrazarme con fuerza—. Queremos estar juntos, y eso es lo más importante.

Me aparté de él con brusquedad y lo miré a los ojos con firmeza.

—Para mí estudiar también es importante, y quiero hacerlo.

Su sonrisa desapareció. Yo empecé a tener bastante miedo, pero al mismo tiempo sentí una liberación por haber dicho por primera vez lo que sentía y no lo que fuera necesario para complacerle. Él comenzó a dar vueltas a mi alrededor, inquieto, hasta que de manera repentina se acercó a la puerta de la entrada y la cerró con llave.

—¿Dónde están tus llaves de casa? —me preguntó.

Sentí pavor ante sus palabras. Las llevaba en el bolsillo de mi chaqueta, pero era la única manera de poder salir de allí. No le respondí nada, solo negué con la cabeza.

—¡¿DÓNDE ESTÁN?!

Me empujó hacia el suelo con violencia y mis llaves sonaron. Entonces, aquel individuo con el que convivía se transformó en un monstruo.

Este relato está basado en una historia real; en mi propia historia real para ser exact@s. Aunque sigan existiendo personas que niegan la situación real de desigualdad e injusticia que sufrimos las mujeres día a día; aunque no quieran ver más allá de sus convicciones e intereses personales, lo conseguiremos. Lograremos que esto acabe.

NI UNA MÁS. NI UNA MENOS. BASTA.

Renacer

Esta joven, que se replantea su vida tras años de sufrimiento, tendrá que ser más fuerte que nunca.

Apoyada en el cristal, con la mirada perdida, notaba los fuertes latidos de su corazón y las lágrimas bañando lentamente su rostro.

Trataba de asimilar lo que acababa de ocurrir. Él le había hecho tanto daño que no podía soportarlo ni un minuto más. Se sentía humillada, frágil, sola… Aquella maleta que había traído en su momento, llena de ilusión, se acababa de vaciar por completo. Ahora solo le quedaba la rabia; y las ganas de gritar.

Había decidido que esa iba a ser la última vez que lo perdonaba, pues ya había sufrido bastante todos esos años. Sin embargo, todavía aterrada y confusa, se preguntaba cómo iba a rehacer su vida después de haberlo perdido todo por él: su adolescencia, sus primeros años de juventud y a su familia. Se había marchado de casa sin pensarlo ni un minuto, dando las mínimas explicaciones. No se lo perdonarían jamás.

Pero logró que las dudas se convirtieran en su escudo y el miedo en sus armas. Sin vacilar, apretó los puños con fuerza y volvió de nuevo a su habitación. Cuando llegó, todo a su alrededor parecía más quieto que nunca.

Tan solo cogió su maleta vacía. No iba a necesitar nada más. Se la llevó con la esperanza de llenarla de nuevo algún día.