Lanzamiento de mi segunda novela

No podemos irnos de vacaciones sin daros la noticia: ¡Ya tenemos fecha de lanzamiento de mi segunda novela!

La segunda parte de «Los caminos de la lucha» saldrá a la luz el 5 de septiembre para dar continuación a esta saga de suspense.

Nuevos personajes, nuevos paisajes y nuevas tramas conformarán este thriller político que mantendrá la esencia del primer libro: acción y emoción.

Por el momento no podemos adelantaros más, pero en septiembres os daremos todos los detalles. Mientras tanto, podéis abrir boca con la primera parte de la saga.

Que paséis un feliz mes de agosto y ¡que la lectura os acompañe!

Hasta la vuelta 😉

Sorteo Twitter “Los caminos de la lucha”

Hoy empieza el sorteo de dos versiones digitales de mi novela “Los caminos de la lucha”. Para participar:

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El jueves 9 de mayo publicaremos a los ganadores en esta red social. ¡Mucha suerte! 🙂

En la boca del lobo (IV)

Cuarta y última parte de un thriller políciaco repleto de acción.

Vestida de incógnito me dirigí hacia la casa donde vivía mi compañero Alberto Noriega. Yo ya había informado a mi jefa de todo para que controlara todos sus pasos y conversaciones. Eso sí, le pedí la máxima discreción. “Si nos descubren, la hemos cagado, pero bien”, le dije.

Pasaron horas y horas antes de que Alberto se dignara a salir de su casa, pero en cuanto anocheció salió de su garaje con un coche de alta gama que nunca le había visto conducir. “Conque te gusta el lujo, ¿eh?”, pensé. Dejé mis binoculares nocturnos en el asiento del copiloto y arranqué el coche para seguirlo.

Por un momento pensé que lo había perdido de vista, pero logré alcanzarlo de nuevo. Nos alejamos de la zona urbana para adentrarnos en las afueras de la ciudad, allá donde vivían quienes deseaban la máxima tranquilidad. Llegamos a una urbanización de lujo, llena de chalés y casas de nueva construcción. La última vez que vi rodar el coche de Alberto fue al girar hacia una calle estrecha sin salida. Decidí entonces aparcar a dos calles de distancia y moverme a pie.

Con mi pistola y mis binoculares me acerqué hasta la callecita estrecha. La noche era cerrada, y tan siquiera las farolas conseguían aportar la luz necesaria para ver con claridad. El coche de mi compañero no estaba; probablemente lo había metido en alguno de los garajes. Fui inspeccionando cada uno de las casas, cuidando de no encontrarme con ninguna cámara de frente, hasta que vi a uno de los contactos con los que me reuní en su momento salir de un garaje con una furgoneta negra. Posiblemente llevaría dentro algo de droga.

Me escondí automáticamente detrás de un coche y esperé a que se marchara. No podía arriesgarme a ser vista, pues ya me conocía. Parecía tener prisa, así que lo dejé marchar. Después, cogí el móvil y le envié a mi jefa la ubicación en la que me encontraba. Una vez enviado el mensaje, me acerqué hacia el garaje de la casa y después la rodeé hasta llegar a la zona que parecía estar habitada. Con mis binoculares pude distinguir a varios de los integrantes de la operación que estábamos investigando. Sí, parecía que aquel era el corazón de sus negocios.

Un sonido cercano me alertó de que algo pasaba. Me giré y vi a dos hombres acercándose hacia mí mientras corrían. Yo empecé a correr también y, mientras me escondía en uno de los huecos de las paredes de la urbanización, uno de ellos me disparó en el antebrazo con un arma muy silenciosa; el otro erró sus dos tiros, pero era consciente de que venía corriendo hacia mí y en cuanto lo escuché lo suficientemente cerca me asomé para dispararlo. Le di justo en el estómago y cayó al suelo. El otro pareció retroceder, pero sabía que estaba herida y que jugaba con ventaja.

Me moví con presteza hacia el otro lado de la urbanización mientras notaba un dolor agudo en mi antebrazo. Escuché más gente a lo lejos; venían a por mí. Hacia mi lado derecho había una zona con matorrales y decidí moverme hacia allí. Empezaba a debilitarme y necesitaba ganar tiempo. Antes siquiera de poder esconderme encontré a Alberto buscándome con una linterna, así que sin pensarlo me lancé a por él. En cuanto me vio emitió un leve grito, pero le di un golpe en el cuello para que perdiera el conocimiento.

Sabía que los otros hombres nos habían oído y que vendrían a por mí más pronto o más tarde. Busqué otros lugares donde poder esconderme, pero con los matorrales hacía mucho ruido y los hombres se acercaban cada vez más. “Ven aquí, zorra”, me decían. Fue entonces cuando escuché una voz familiar. Después, más disparos y gritos. Y, por fin, el silencio. De nuevo escuché la voz familiar, que era la de mi jefa. Solo llegó a preguntarme si estaba bien, y yo le respondí que sí antes de empezar a marearme. De ese día ya no recuerdo nada más.

En la boca del lobo (III)

Tercera parte de este thriller políciaco cuya protagonista es una agente de campo de la unidad antidroga.

Colgué a mi jefa y empecé a dar vueltas por la casa pensativa. Estaba claro que alguien de los nuestros estaba metido o metida en aquella red de narcotráfico llevándose un buen pellizco. Enseguida recordé aquella historia de Sito Miñanco y sus colegas gallegos, que pudieron hacer crecer sus negocios con la ayuda de algunos políticos de la época. La historia siempre se repite.

Me vino entonces a la cabeza un antiguo colega que era un hacha en el mundo del hackeo. Había sido contratado por nuestro departamento para rastrear ciertas pistas, aunque tenía que pisar la cárcel de vez en cuando por infringir multitud de leyes de seguridad cibernética. Yo sabía que para contratarlo había que pagar un precio muy alto, pero mi desesperación me obligaba a actuar.

—¿Sí?

—Hola, Fran.

—Hola, ¿quién es?

—Soy Camila.

—Ah, vaya, Camila. Cuánto tiempo sin saber de ti. ¿Qué necesitas?

Agradecí que al menos fuera directo al grano.

—Necesito pedirte un favor.

—Cuéntame, de qué se trata.

—Necesito que investigues a mi equipo.

Pasó un tiempo antes de que Fran contestara.

—Esto que me pides… no es normal.

—Lo sé, pero te necesito más que nunca, Fran. Es cuestión de vida o muerte.

—Ya, bueno. Pero ¿qué me llevo yo a cambio?

—¿Qué quieres?

—Teniendo en cuenta lo que me pides, un millón —Parecía que había terminado la frase, pero añadió rápidamente antes de que me diera tiempo a contestar—; y que me quiten los dos años de condicional.

—Eso es imposible, Fran. No sé si te das cuenta, pero de momento estoy sola en esto.

Cuando pensé en mi respuesta, me di cuenta de que mi subconsciente hablaba por mí; necesitaba a alguien de dentro, pero hasta que no averiguara quién era el traidor, no podía confiar en nadie.

—Yo no soy una ONG, Camila. Y esto que me pides no es un simple favor.

Continué dando vueltas por la habitación y me asomé al salón para observar a mi pareja mientras veía la tele.

—Déjame que negocie la reinserción. Pero de pasta, no puedo darte esa cantidad. Como mucho, dos cientos mil.

Mi colega informático no decía nada hasta que, al fin, se dispuso a hablar.

—Lo pensaré —dijo.

—Tengo prisa. Esto no puede esperar.

Lo oí resoplar y quejarse en voz baja.

—Está bien, pero averíguame lo de la cárcel cuanto antes.

—De acuerdo.

—Otra cosa más —dijo.

—¿Qué?

—Quiero tu moto.

“¡No, mi Harley querida, no!”, pensé conteniendo mi rabia.

—Está bien.

Tras varias horas de espera y a punto de rozar la desesperación, al fin recibí una llamada.

—¿Sí?

—Lo tengo, Camila —dijo Fran con convicción.

—¿Quién es?

—Alberto Noriega.

—No puede ser, ¿el tirillas? —le dije.

—De tirillas nada, tiene un cuerpazo.

—¿Qué has encontrado?

—Conversaciones con ellos en clave. Está metido hasta las trancas.

Tenía sentido: Alberto era un chaval recién salido del huevo que acababa de empezar con nuestra unidad. Por el momento se limitaba a oír, callar y servir cafés a sus superiores, por lo que cumplía el perfil de novato ambicioso con ansias de poder.

—Gracias, Fran. Tus papeles están en marcha. Y de la pasta… y la moto, hablaremos.

Por suerte, moverse en esos lares y conocer a la gente de los tribunales también tenía sus ventajas, y con un par de llamadas más un favor a devolver logré que tramitaran la reinserción de mi colega.

Una vez terminada la conversación con Fran le di un beso a mi pareja para despedirme. Solo le dije que tenía que irme, una frase que estaba más que acostumbrado a escuchar y que ni siquiera me replicaba. Sin embargo, esta vez me contestó un “ten cuidado” que me dejó helada.

Sorteo de tres ejemplares de “Los caminos de la lucha” en Instagram

Esta semana os invito a participar en el sorteo de tres ejemplares en papel de mi novela “Los caminos de la lucha: convicciones”. Para participar tenéis que seguir estos dos sencillos pasos:

1. Seguirme en  mi perfil de Instagram (@aitanamoralestrocoli)

2. Comentar la publicación del sorteo en Instagram etiquetando a dos amig@s.

¿Fácil, verdad? El martes 5 de marzo a las 23:59 finalizará el sorteo. Y el miércoles 6 de marzo publicaremos en Instagram el nombre de las tres personas ganadoras que disfrutarán de este thriller de infarto.

NOTA: solo válido para ESPAÑA.

¡Empieza el sorteo! ¡Suerte! 😉

En la boca del lobo (II)

Esta es la segunda parte de “En la boca del lobo (I)”, un relato inspirado en el thriller policíaco.

Salimos con cautela de nuestro hogar y lo dejamos todo tal cual. Yo apuntaba hacia las escaleras mientras esperábamos llegar los ascensores y rezaba para no encontrarnos con ningún vecino. Mi pareja me miraba sin decir nada. Una vez llegamos a la planta baja, salimos al rellano de la calle y, aunque no parecía haber una sola alma por allí, yo sabía que teníamos a alguien cerca. Abrí la puerta exterior con cuidado y apunté con mi pistola medio escondida en la chaqueta. Allí estaba la furgoneta prometida y no parecía haber nadie alrededor. El copiloto salió con discreción de la furgoneta y nos abrió la puerta trasera para que entráramos.

Primero entró mi pareja. Después salí yo del portal mientras agudizaba mis sentidos en todas direcciones y cuando estaba a punto de entrar en el vehículo se oyeron dos disparos muy de cerca. El copiloto cayó al suelo en un intento de disparar hacia la acera de enfrente y meterse en la furgoneta. ¡No!”, grité mientras me agachaba y corría hacia la puerta abierta del vehículo. Volvieron a disparar, pero logré esconderme detrás de la puerta. Después, me asomé con decisión hacia el lugar de donde provenían los disparos y vi la cabeza de un hombre sobresalir detrás de un coche. Estaba apuntando con su pistola hacia nuestro conductor, pero yo fui más rápida y le disparé en la frente. 

La furgoneta ya había arrancado. Me metí dentro con rapidez y cerré las puertas, lancé a mi pareja al suelo y lo cubrí con mi cuerpo. Hubo más disparos que agujerearon la chapa de nuestro vehículo, pero por suerte no nos alcanzó ninguno más. Seguramente alguien de mi unidad ya había intervenido. Cuando nos alejamos de allí me senté en el suelo y comprobé que todos estábamos bien. Yo aún respiraba con dificultad por la fatiga y mi conciencia se iba hecha añicos tras haber dejado allí a mi compañero. Porque, a esas alturas, poco podrían hacer por él.

¿Cómo es que habían descubierto mi verdadera identidad? Quizá mi compañero de operaciones (que había fallecido hacía unas semanas) y yo habíamos metido demasiado nuestras narices en aquella red de narcotráfico. Estábamos tan cerca que sentíamos el calor de las llamas, pero no podíamos echarnos atrás. Ya era tarde. Nos habíamos hecho pasar por dos contactos de otra red de narcos interesados en hacer negocios con ellos para introducir su droga en la costa de Murcia y, con ello, hacer crecer sendos negocios.

En la casa que nos habían acondicionado para permanecer encerrados sin salir hasta nuevo aviso, hablaba con mi jefa por teléfono desde la habitación mientras observaba a mi pareja leyendo un periódico en el sofá. Parecía más tranquilo que yo, aunque bien es cierto que él no solía mostrarse tenso cuando lo estaba de verdad. Yo no hacía más que darle vueltas al asunto: iban a por mí y no pararían hasta encontrarme. Además, daba por hecho que a mi casa ya no podríamos volver nunca más.

—Cocaína, hachís, marihuana y speed. Están creando todo un imperio estos cabrones —le dije en voz baja.

—Piensa, Camila, tenemos que averiguar la dirección del lugar de producción.

—¡TE DIGO QUE NO LO SÉ! —Yo misma me di cuenta de que había gritado demasiado y bajé el volumen—. Íbamos a reunirnos con dos de ellos en un punto la tarde en que mataron a Ángel. Nos los habíamos ganado ya por completo, pero alguien les dio el soplo de quiénes éramos y fueron a por nosotros. Solo te puedo decir que el punto de encuentro era el Palmeral de Elche, pero eso no tiene por qué significar nada.

Sabíamos que esa gente era peligrosa, pues acumulaban centenares de armas y tenían a su disposición toda una tropa de matones y chivatos repartidos por Alicante, pero de ahí a matar a dos de los nuestros sin pestañear, era cruzar una barrera importante. Estábamos a punto de desmontar el corazón de sus negocios y eso les estaba molestando. Ya conocíamos sus caras y sus nombres y, desde luego, actuaban así porque estaban desesperados o porque se creían intocables, en cuyo caso significaba que había más gente en su bando de la que nos imaginábamos.

—Tiene que ser alguien de los nuestros.

—No puede ser, Camila. Eso es imposible.

—¡No me toques las narices, María! Que no somos monjas de la caridad. Hay que averiguar lo que está pasando y deshacerse de esa escoria cuanto antes, porque mientras tanto voy a tener que quedarme aquí encerrada poniendo en peligro la vida de mi familia —Colgué el teléfono y miré con una mezcla de tristeza y culpabilidad al hombre de mi vida.

 

 

Cómo conseguir mi novela “Los caminos de la lucha”

Nunca os he hablado con detenimiento de Los caminos de la lucha. Convicciones, mi primer libro autopublicado que salió a la luz hace tres años. Se trata de un thriller social en el que los personajes, de gran espíritu luchador, se debaten por escoger un camino que mejore el mundo decadente en el que viven.

Está inspirado en la situación de crisis (tanto económica como social) que se vive en España desde hace unos años, y en los efectos de este en la población: el descontento y tensión en las calles, el nacimiento de nuevos movimientos por la ciudadanía y la necesidad de crear nuevas ideas para combatir esta situación.

Aquí os dejo el booktrailer de la novela:

Ahora me encuentro inmersa en la segunda parte, de la que os hablaré muy pronto… 🙂 Pero, mientras tanto, podéis conseguir esta primera parte en formato papel pinchando aquí. En 2-4 días laborales la recibiréis en casa por correo postal (por supuesto, firmada y dedicada). En caso de que no residáis en España y la queráis obtener en papel, podéis escribirme un correo a sintiempoparaleer.relatos@gmail.com.

Para quienes sois más de versión digital (pero no por ello menos románticos), tenéis disponible la novela en versión kindle. Este formato también se puede leer en cualquier móvil o tablet a través de la app de amazon kindle. Si estáis en España, podéis conseguirla pinchando aquí; y quienes no vivís en España la podéis localizar fácilmente en el dominio que corresponda a vuestro país de residencia (amazon. com, amazon.mex., etc).

Para cualquier duda que os surja podéis escribirme a sintiempoparaleer.relatos@gmail.com o compartir vuestra pregunta en los comentarios de abajo.

Saludos literarios 😉