Por ti

Una carta dirigida al amor.

De niña te imaginaba como en un cuento de hadas, de vivos colores y lleno de fantasía. Tus finales felices perduraban para toda la vida. Eras belleza y perfección. La perfecta mentira. Eras el que más protagonismo tenía en todas y cada una de mis historias.

De adolescente eras obsesión, posesión, desconocimiento. Te recordaba en cada suspiro y rostro que se me antojaba; te quería todo entero para mí. Una vez, sin embargo, llegó el día y apareciste sin que te lo pidiera…; viniste con la intención de quedarte, pero me engañaste. Todavía recuerdo cuánto me hiciste sufrir…

De adulta te ando buscando en varios frentes, siempre desde el miedo y la desconfianza. En algunos voy ganando y en otros voy perdiendo. Aunque te he sentido varias veces, muchas han sido a lo lejos. No obstante, ahora te siento muy cerca. Quizá demasiado. Porque quemas, dueles. Permito que hagas y deshagas como quieras. Te consiento más que antes.

De anciana deseo que estés presente en mi vida, en cada gesto, en cada sonrisa. Te quiero sincero, no interesado ni fingido. Espero que cuides de mí y que jamás me abandones, pues serás de lo poco que me quedará por vivir. Nunca me olvides y yo haré lo propio contigo. Porque mi intención es cerrar los ojos sonriendo por ti.

Ser quien soy

Relato breve con el que me presenté al I Certamen Internacional de microrrelatos Simionema 2018

Acabar con el hartazgo de fingir. Borrar ese “yo” construido por todo el mundo, menos por mí. ¿Qué pasa si incumplo las malditas reglas no escritas?

Miro al frente y veo el mar, el único que entiende mi furia. Él recoge mis cábalas y se las lleva consigo, mientras las voces a mi alrededor intentan llevarme de vuelta.

¿Y la felicidad? No es más que otra construcción social que rompe los espejos de mi interior, sin dejar espacio a los sentimientos más recónditos, más humanos.

Vuelvo la vista al horizonte y, con la inmensidad del agua en movimiento, mis dudas se van aclarando: no quiero aparentar que soy feliz, no quiero ser como todo el mundo quiere que sea.

Quiero ser quien soy.

La cima de los sueños

Un viaje (in)alcanzable a las alturas.

Los montes escarpados se enredan entre las nubes, coronados por el sol.
Son tan altos que la vista apenas alcanza a verlos; tan oscuros en contraste con el suelo, que parecen provenir de otro universo.

El cielo es todavía de un color azul intenso, pero que se va adormeciendo por la entrada del otoño.
Y yo aquí, tan diminuto, pretendo encajar entre toda esta inmensidad, e intento tocar con los dedos lo que solo el alma puede rozar.

Lluvia despierta

La lluvia se levanta ante la claridad del día y los sueños de Paula van con ella.

Paula se asoma a la ventana y observa atónita la grandeza de su alrededor. Esa en la que no solemos reparar por culpa del tiempo.

Sus sueños afloran como lo hace la primavera y su mente relajada le permite ver más allá. Entonces cierra los ojos para retener ese momento, mientras la luz baña su rostro.

En un día como aquel Paula no quiere salir, tan solo contemplar la felicidad que la rodea y que quiere sentir. La que viene con la lluvia, y con el tiempo:

No importa la presión,

no importa lo que digan,

tan solo yo.

Es mi felicidad la que vale,

y mi vida, y mi tesón,

por conseguir mis sueños

escondidos en la lluvia

que ahora veo con el tiempo

y la razón.

Paula vuelve a cerrar sus ojos para no abrirlos más. Así se quiere quedar: con su lluvia y sus sueños.