Retazos de una pandemia

A raíz de la crisis que nos persigue desde hace meses, nuestra visión sobre el mundo y sobre la vida está cambiando a pasos acelerados. Ahora valoramos cosas que antes ni pensábamos, como disfrutar más de la naturaleza o de la compañía de los nuestros. Y hasta aquí la parte más Happy Mind.

El coronavirus no solo es un fenómeno que afecta a nuestra salud durante un tiempo y que nos deja indiferentes después, es un giro drástico en nuestras vidas que nos hace cambiar como individuos y como sociedad.

Las diferencias sociales se acentúan, las distancias sociales aumentan, los problemas psicológicos se multiplican. Cada uno de nosotros nos hemos visto afectados por esta debacle que causará estragos en nuestra forma de vida y que será estudiada en el futuro por historiadores y sociólogos, como ya ha sucedido con otras pandemias como la peste negra.

¿Quién diría hace unos meses que el teletrabajo iba a adquirir la importancia que tiene en estos tiempos? ¿Quién iba a pensar en la importancia de leer, de informarse, de contrastar las noticias falsas que nos bombardean cada día? ¿Quién diría lo importante que es tener salud (y un buen sistema sanitario) para que todo vaya sobre ruedas? Nótese la ironía…

Quizá ahora y en el futuro debamos replantearnos nuestra forma de comunicarnos, de trabajar y de convivir, aunque muchas personas se aventuren a pensar que esto va a servir de poco y que, por mucho que queramos subsanar nuestros errores del presente y del pasado, la historia siempre se repite.

Al menos habrá que intentarlo.

Redes

En 2095 las cosas han cambiado, aunque no a mejor. No preguntes por qué, pero soy de tu misma época y he conseguido llegar hasta lo que tú llamarías “el futuro”.

Aquí —en el futuro— las calles están prácticamente desiertas. No hay transeúntes, tan solo coches y drones pululando por la ciudad. Las cafeterías, las oficinas y los colegios apenas existen, mientras que las tiendas desaparecieron hace ya mucho tiempo. A diferencia de nuestras anteriores generaciones, las personas trabajan en sus casas, toman cafés virtuales por las redes o esperan a que les llegue por dron postal el último artículo que han comprado.

Imagino que te lo estarás preguntando: lo idóneo para aspirar a una buena posición económica en el año 2095 es ser visible en las redes. Tanto para conseguir un trabajo, como para encontrar pareja o nuevas amistades, la gente se devana los sesos con tal de acrecentar su popularidad. Los tratos de favores se suceden, y mucha gente ofrece grandes sumas de dinero (incluso sexo) a quienes tienen muchos contactos, todo ello con el fin de posicionarse mejor.

Esta dinámica de vida genera una gran frustración y afecta al índice de suicidios, que cada vez son más altos. Según los expertos en psicología (tengo mucho tiempo para leer por internet), se debe a la baja autoestima que sufren las personas y al sentimiento de soledad generalizado. La ansiedad es recurrente en menores y mayores, y la obsesión por mantener una actividad cibernética constante satura las mentes humanas.

Los expertos no dejan de recordarnos la importancia de salir a la calle para aprovechar el tiempo libre y, en especial, para estar en contacto con otras personas. No sé si algún día la población volverá a la situación de antaño, es decir, la que estás viviendo tú ahora; ni si volverán los cafés, las escuelas y las oficinas físicas. Yo, desde luego, lo echo mucho de menos.