Agua sexy

Puedes ser natural (como él) o mostrar tan solo tu mejor versión.

Los viajes de negocios siempre le resultaban aburridos, aunque solía aprovechar el poco tiempo libre que le quedaba para disfrutar de cada ciudad que visitaba. Esta vez le había tocado una zona de playa, así que lo mejor que podía hacer era coger un libro y  pasar el atardecer a orillas del mar.

Tras un buen rato de lectura le entró la sed y se acercó al chiringuito más cercano del paseo. No llegó ni a ponerse la camiseta, tan solo llevaba el bañador y las chanclas.

Cuando la camarera se giró para atenderlo se quedó impresionado: era guapa a rabiar. Sus labios carnosos estaban pintados de rojo, al igual que sus uñas. Eso le encantaba. Ella debió de leer su mente, pues entornó sus ojos y le esbozó una sonrisa. Después, lo miró de arriba abajo y él pensó en si había hecho bien quitándose la camiseta.

—¿Qué te pongo?

—Una botella de agua, por favor.

<<Dios, ¿había algo menos sexy para pedir?>>, pensó.

La camarera volvió a sonreír.

—¿Eres de por aquí? —le dijo.

—No, he venido por temas de trabajo. Me marcho mañana.

—Bueno, tenemos algo de tiempo para conocernos— respondió ella mientras le guiñaba un ojo.  

 


 

¡Volvemos en septiembre con más historias!

Gracias a todos y todas por estar ahí 🙂