La escalera

Las divagaciones de un hombre que alcanza su paz interior.

A veces se pregunta si es solo el tiempo o su forma de ser la que ha cambiado, pero jamás había sentido tanta paz en sus adentros. Como si un solo de piano lo acompañara a todas partes, ha aprendido a aceptar la realidad que lo rodea: en lo positivo se regocija y respecto a lo negativo, ha aprendido a ignorar.

Es increíble como el tiempo enseña a distinguir entre los gestos de admiración y de envidia, entre las palabras sinceras de amor y las de puro cinismo, o entre las miradas de complicidad y las de aversión (que suelen ser mutuas). Pero, como en un prado verde y llano, se siente neutral. No hay muros ni montañas, solo agua y cantos de pájaros.

Ha aprendido a respirar con calma y a escuchar más que a hablar. A veces se preocupa de su estado no catatónico y se pregunta en más de una ocasión si ya está todo lo malo pasado o es que ha sido solo una visión, como en las películas de dudoso final. ¿Es él quien ha cambiado? ¿Ya lo ha llorado y odiado y vivido todo?

Quizá solo significa que ha aprendido a aceptar y a querer. Quizás ha aprendido a ser más fuerte que nunca y se encuentra en el último de los peldaños de la escalera que la vida representa. Y, sin duda, esto también es gracias a unas personas que no destacan por cantidad, sino por el valor que han aportado a su vida.

Entre dichas personas, unas ocupan su tiempo y su corazón desde hace años; otras en cambio han salido de la nada y le han enseñado lo que es amar de verdad la vida. En todas ellas y en sí mismo se va a apoyar para no volver jamás al profundo y oscuro hueco de la escalera que visitó en un par de ocasiones y del que tanto le ha costado escapar.

En cualquier caso, no piensa bajar.

Lluvia despierta

La lluvia se levanta ante la claridad del día y los sueños de Paula van con ella.

Paula se asoma a la ventana y observa atónita la grandeza de su alrededor. Esa en la que no solemos reparar por culpa del tiempo.

Sus sueños afloran como lo hace la primavera y su mente relajada le permite ver más allá. Entonces cierra los ojos para retener ese momento, mientras la luz baña su rostro.

En un día como aquel Paula no quiere salir, tan solo contemplar la felicidad que la rodea y que quiere sentir. La que viene con la lluvia, y con el tiempo:

No importa la presión,

no importa lo que digan,

tan solo yo.

Es mi felicidad la que vale,

y mi vida, y mi tesón,

por conseguir mis sueños

escondidos en la lluvia

que ahora veo con el tiempo

y la razón.

Paula vuelve a cerrar sus ojos para no abrirlos más. Así se quiere quedar: con su lluvia y sus sueños.