El silencio

Unos lo detestan y otros lo idolatran.

En compañía todos los evitan.

En soledad roza el placer prohibido.

Se puede fundir con el mar y con el viento.

Se puede confundir con la tristeza.

Tiene forma de animal salvaje, de hielo y de madrugada.

Su aroma es de campos de flores; de incienso.

Sabe al primer café de la mañana.

Sabe al primer beso.

Así es el silencio.

Contigo

Relato en primera persona sobre la espera en el amor.

¿Quién dijo que había que esperar al tiempo? Yo no puedo ni quiero esperar. Quiero encontrarme contigo de nuevo, conquistarte. Ha pasado tanto tiempo que me estoy quedando sin fuerzas. Sin aliento.

Cada noche te busco y solo alcanzo tu reflejo. Con él logro despertar de mi sueño profundo. Con él me alimento hasta el atardecer dorado, en busca del mar, donde siempre me encuentro.

Allí te observo a los lejos, en un cielo que se va apagando. Me tengo que marchar, pero no quiero. Quiero reunirme allí contigo, en las aguas profundas que aguardan mis secretos hasta el amanecer.

Vuelvo a casa, que no es hogar. No si tú no estás, pues hace frío, y viento, y ruido. En el humo del cigarro me cobijo hasta que las fuerzas me abandonan. Y me adentro de nuevo en el sueño del que quiero despertar; pero contigo, en carne y hueso.

Miedos

¿Quién no tiene miedo(s)?

Miedo a salir.

Miedo a dejarse llevar.

A hablar ante decenas de personas.

Miedo a amar y a ser amado.

Miedo a sufrir.

 

Miedo a meterse en un agujero sin ventilación.

A entrar en una calle sin salida.

A fracasar.

Miedo a estar solo en casa.

O sola en cualquier lugar.

 

Miedo a morir.

Miedo al qué dirán.

A no ser igual que los demás.

A saltar desde las alturas.

Miedo a cambiar.

La escalera

Las divagaciones de un hombre que alcanza su paz interior.

A veces se pregunta si es solo el tiempo o su forma de ser la que ha cambiado, pero jamás había sentido tanta paz en sus adentros. Como si un solo de piano lo acompañara a todas partes, ha aprendido a aceptar la realidad que lo rodea: en lo positivo se regocija y respecto a lo negativo, ha aprendido a ignorar.

Es increíble como el tiempo enseña a distinguir entre los gestos de admiración y de envidia, entre las palabras sinceras de amor y las de puro cinismo, o entre las miradas de complicidad y las de aversión (que suelen ser mutuas). Pero, como en un prado verde y llano, se siente neutral. No hay muros ni montañas, solo agua y cantos de pájaros.

Ha aprendido a respirar con calma y a escuchar más que a hablar. A veces se preocupa de su estado no catatónico y se pregunta en más de una ocasión si ya está todo lo malo pasado o es que ha sido solo una visión, como en las películas de dudoso final. ¿Es él quien ha cambiado? ¿Ya lo ha llorado y odiado y vivido todo?

Quizá solo significa que ha aprendido a aceptar y a querer. Quizás ha aprendido a ser más fuerte que nunca y se encuentra en el último de los peldaños de la escalera que la vida representa. Y, sin duda, esto también es gracias a unas personas que no destacan por cantidad, sino por el valor que han aportado a su vida.

Entre dichas personas, unas ocupan su tiempo y su corazón desde hace años; otras en cambio han salido de la nada y le han enseñado lo que es amar de verdad la vida. En todas ellas y en sí mismo se va a apoyar para no volver jamás al profundo y oscuro hueco de la escalera que visitó en un par de ocasiones y del que tanto le ha costado escapar.

En cualquier caso, no piensa bajar.

Por ti

Una carta dirigida al amor.

De niña te imaginaba como en un cuento de hadas, de vivos colores y lleno de fantasía. Tus finales felices perduraban para toda la vida. Eras belleza y perfección. La perfecta mentira. Eras el que más protagonismo tenía en todas y cada una de mis historias.

De adolescente eras obsesión, posesión, desconocimiento. Te recordaba en cada suspiro y rostro que se me antojaba; te quería todo entero para mí. Una vez, sin embargo, llegó el día y apareciste sin que te lo pidiera…; viniste con la intención de quedarte, pero me engañaste. Todavía recuerdo cuánto me hiciste sufrir…

De adulta te ando buscando en varios frentes, siempre desde el miedo y la desconfianza. En algunos voy ganando y en otros voy perdiendo. Aunque te he sentido varias veces, muchas han sido a lo lejos. No obstante, ahora te siento muy cerca. Quizá demasiado. Porque quemas, dueles. Permito que hagas y deshagas como quieras. Te consiento más que antes.

De anciana deseo que estés presente en mi vida, en cada gesto, en cada sonrisa. Te quiero sincero, no interesado ni fingido. Espero que cuides de mí y que jamás me abandones, pues serás de lo poco que me quedará por vivir. Nunca me olvides y yo haré lo propio contigo. Porque mi intención es cerrar los ojos sonriendo por ti.

Ser quien soy

Relato breve con el que me presenté al I Certamen Internacional de microrrelatos Simionema 2018

Acabar con el hartazgo de fingir. Borrar ese “yo” construido por todo el mundo, menos por mí. ¿Qué pasa si incumplo las malditas reglas no escritas?

Miro al frente y veo el mar, el único que entiende mi furia. Él recoge mis cábalas y se las lleva consigo, mientras las voces a mi alrededor intentan llevarme de vuelta.

¿Y la felicidad? No es más que otra construcción social que rompe los espejos de mi interior, sin dejar espacio a los sentimientos más recónditos, más humanos.

Vuelvo la vista al horizonte y, con la inmensidad del agua en movimiento, mis dudas se van aclarando: no quiero aparentar que soy feliz, no quiero ser como todo el mundo quiere que sea.

Quiero ser quien soy.

Pasan los días

El relato de alguien que intenta sobrevivir a una ruptura.

Las frías sábanas me envuelven y los días pasan, como si nada. Abro las ventanas y dejo que entre la luz. Ahí afuera, nada cambia. Pero aquí dentro, cambia todo. Han pasado varios meses sin ti y yo ya he pasado por todas las fases: odio, dolor, añoranza, melancolía, amor… Ahora ni siquiera sé en qué fase estoy. ¿O quizá me encuentro en todas? ¿Es cíclico, consiste en eso?

Pensar, “darle al coco” está sobrevalorado. Me está consumiendo y matando poco a poco, sin que apenas me dé cuenta. Porque de día sobrevivo, me alimento de emociones, guardo el equilibrio; el mar me calma, la lectura me evade, la música me distrae… Pero en cuanto llega la noche, entonces viene, sin que yo se lo pida. Viene para recordarme quién es, me aprieta entre las sábanas hasta que me asfixia. Y así, día tras día.