Un nuevo sol

Cuando los instintos más recónditos salen a la luz sin que lo podamos controlar.

Sus miradas se entrecruzaron por casualidad en medio de la calle. Hacía calor. En circunstancias normales habrían pasado de largo sin dar mayor importancia a la situación, pero aquella vez sucedió algo distinto: volvieron a buscar sus miradas y, sin conocerse de nada, fueron asaltados por un deseo súbito y recíproco.

Se observaron durante unos segundos con asombro y, de forma involuntaria, sus hombros rozaron al pasar por el mismo tramo de acera. Como si una ráfaga de aire caliente (y a la vez frío) los hubiese traspasado, notaron la reacción en su piel: el vello se les erizaba y un cosquilleo les recorría toda la espalda.

Fue ínfimo el roce que llegaron a percibir, pero lo retuvieron en lo más profundo de sus órganos. La propia inercia los obligó a seguir caminando y a alejar sus cuerpos reprimidos entre el estruendo de los coches. Aún así, todavía incrédulos y confusos, giraron en la distancia sus cabezas para repetir el encuentro.

No querían que se acabara. Querían seguir sintiéndose así de vivos, de libres, exponiéndose un poco más a ese nuevo sol que los abrasaba. Pero, a pesar de sus súplicas, sabían que sus deseos no iban a ser cumplidos, y miraron esta vez hacia adelante, aceptando que no se volverían a ver jamás.

 

Lluvia despierta

La lluvia se levanta ante la claridad del día y los sueños de Paula van con ella.

Paula se asoma a la ventana y observa atónita la grandeza de su alrededor. Esa en la que no solemos reparar por culpa del tiempo.

Sus sueños afloran como lo hace la primavera y su mente relajada le permite ver más allá. Entonces cierra los ojos para retener ese momento, mientras la luz baña su rostro.

En un día como aquel Paula no quiere salir, tan solo contemplar la felicidad que la rodea y que quiere sentir. La que viene con la lluvia, y con el tiempo:

No importa la presión,

no importa lo que digan,

tan solo yo.

Es mi felicidad la que vale,

y mi vida, y mi tesón,

por conseguir mis sueños

escondidos en la lluvia

que ahora veo con el tiempo

y la razón.

Paula vuelve a cerrar sus ojos para no abrirlos más. Así se quiere quedar: con su lluvia y sus sueños.