Licor de estrellas

Microrrelato con el que he participado en el certamen literario Tinta lunar, de la editorial Círculo Rojo

El inspector huyó de su rutina diaria en busca de soledad. Estaba a punto de cerrar un caso sin resolver y la noche se presentaba más fría que de costumbre. La luna era su única acompañante, su mejor confidente en la oscuridad. «¿Qué es lo que no está encajando?», le preguntaba, como si ella pudiera darle una respuesta.

Le dio un trago a su petaca de brebajes, como él mismo la denominaba, y en parte logró recomponerse. Después, volvió a mirar al horizonte y la luna empezó a tornarse más brillante, hecho que inquietó al inspector. Cerró sus ojos con incredulidad y los volvió a abrir. Aquel bello satélite todavía brillaba más.

Fue entonces cuando el puzle de su mente unió las piezas que faltaban y todo empezó a cobrar sentido. ¡Vaya! Por fin había averiguado quién era el autor del crimen sin resolver y por qué el asesino había arrebatado la vida a aquella víctima. Con una gran sonrisa, el inspector dio las gracias a su luna confidente y le dedicó el último gran trago de su licor de estrellas.