Las musas

Vienen —por fin— a destilar su belleza, que se convierte en palabras plasmadas sobre el papel blanco. Vienen para irse y no quedarse por mucho tiempo; lo sabe. Por eso las toma con cuidado entre las manos y deja que le guíen durante el proceso.

Ellas le observan con alegría o con tristeza, no lo sabe a ciencia cierta, y le tienden la mano para que las acompañe. Recorren juntas mares, montañas y lugares maravillosos que podrá revivir después.

El vuelo es corto, pero intenso, y acaba despertando como de un largo sueño. Después, abre las manos con delicadeza, pero ya no están.

Se despide de ellas con ternura y cierta tristeza, emite un suspiro, y piensa: “ya volverán”.

Aguas salvajes

Las que nunca pertenecerán a nadie.

(Versión I)

 

Paseo entre sus lindes,

descubro sus sorpresas.

Aspiro a ser.

 

Me adentro en los secretos

que guardan sus profundidades,

mas solo intento conocer.

 

Camino entre sus límites,

en busca de otras huellas,

aunque no las pueda ver.

 

Me pierdo en sus tormentas,

contenta con sus partes,

me conformo con creer.

 

Es el precio de ser libre,

aunque solo sea a destiempo,

aun sin querer.

 

 

(Versión II)

 

Entre sus límites camino

con una mezcla de miedo y esperanza,

en busca del tiempo perdido.

 

En sus profundidades me pierdo

con los secretos más íntimos

de quienes osan sus andanzas.

 

A sus olas sin dueño ni dueña me aproximo,

para imitar su movimiento

de aparente calma.

 

En sus mareas me arremolino,

y con los animales me encuentro

para unirme a su libre danza.