Ilusiones

Una joven pide consejo en una reveladora tarde de domingo. ¿Conseguirá resolver sus dudas?

Cada tarde de domingo que salía a correr la encontraba sentada en el mismo banco, frente a aquel pequeño universo de agua. Era un parque inmenso, pero ambas compartían el don de la rutina y desde hacía tiempo se había convertido en una costumbre: la joven apuraba su marcha, estiraba sus músculos y se subía la cremallera de la chaqueta para no helarse. La anciana la miraba sonriente y hacía un hueco a su lado para que se sentara. Durante un rato el silencio las acompañaba, hasta que la joven se disponía a hablar.

—He tenido una semana reveladora —dijo—: creo que, por fin, he madurado.

La mujer la escuchaba con atención, a pesar de que seguía mirando el agua fijamente.

—Estoy enamorada —continuó la joven—, pero me he dado cuenta de que el amor ya no es un pilar tan importante en mi vida. Ahora quiero realizar otras actividades que me llenen, como estudiar, viajar, leer…; luchar por tener una vida plena, pero sin necesidad de depender de nadie más que de mí.

—Comprendo. ¿Y qué problema hay con eso, cielo? —preguntó la anciana.

—Pues que por un lado estoy feliz, porque he ganado confianza en mí misma y ahora tengo las cosas más claras pero, por otro lado, tengo miedo de las consecuencias de este cambio. ¿Significa que perderé las ilusiones de mi juventud, que dejaré de <<sentir>> como lo hacía antes?

La anciana esbozó una pequeña sonrisa y dejó de fijar su vista al frente para mirarla.

—Significa que has aceptado que estás sola frente a este mundo. No debes tener miedo.

Difícil

Poema con el que me presenté al concurso de poesía de Editorial Círculo Rojo “Versos Descubiertos”.

Mil maestros con cien mundos recorridos

dejando sus huellas al pasar,

se marchan conforme han venido,

con sus recuerdos en el mar.

 

Los escribas de sus palabras,

pocos son.

Los discípulos de sus verdades,

raros son.

Aunque siempre nos queda un eco de su razón:

 

Tan lejano es el origen de las cosas

(dicen)

en aquellos libros sin desempolvar,

pues viviendo en el desierto de las maravillas,

lo fácil es ignorar.

 

Borrando marcas que nos hacen iguales;

separados por un cristal;

divididos entre muros de diamantes,

lo fácil es envidiar.

 

Y es que rápido se calla a las lenguas

que no piensan a la par,

porque pisando tierra con viejas heridas

(dicen),

lo difícil es amar.