Sueño cumplido

Mara tenía muy claro lo que quería ser en la vida. No se trataba de trabajo ni de estudios; eso venía de la mano con el tiempo.

Llevaba tiempo sin salir de casa, y sin ver a su familia ni a sus amistades. Tras varios meses de tratamiento para cumplir un deseo que planeaba desde hacía años, por fin lo consiguió. Todavía no quería dar la noticia, pues deseaba reservarse esos primeros momentos para sí misma. 

Cuando volvió a dejarse ver por el barrio le preguntaron si estaba bien y si había tenido alguna enfermedad.

—Estoy mejor que nunca —contestaba ilusionada.

Mara era consciente de que algunas personas no lo iban a comprender y por ello prefirió guardar las explicaciones para sus círculos más íntimos. Pero los meses pasaron y ya no lo podía ocultar. Entonces, vinieron las preguntas incómodas:

—¿Pero, cómo puede ser? —le decían mirándole la barriga pronunciada—.  ¿Si no estás con nadie, no? ¿Eres lesbiana?

—¿Y por qué no te has ido un fin de semana por ahí a buscarlo en vez de pasar por esos tratamientos?

—¡¿La vas a criar tú sola?! Tendrás problemas cuando se relacione con otros niños…

A su familia le costó asumirlo al principio, aunque enseguida se prestaron a ayudarla, pero la respuesta incrédula por parte de tanta gente —mucha más de la que se esperaba— la había llevado a sentirse culpable en más de una ocasión. En concreto hubo un día que, mirándose en el espejo y acariciándose la barriga, llegó a plantearse si había sido un error:

¿Y si no puedo darte yo sola el cariño y la atención que te mereces, pequeña?

Notó enseguida unas enérgicas patadas que iban formando bultitos en su barriga. Sonrió. Su hija iba a salir fuerte y resistente, como ella.