Ella

Se levanta bien temprano, a las 6 a.m. Ya tiene la bolsa del gimnasio preparada y, mientras acude al garaje, se toma su batido “energizante”. Termina su intensa clase de spinning y después se viste y maquilla para acudir al trabajo. Odia ponerse esa falda de tubo, pero es lo que exige la empresa respecto a la indumentaria femenina. Ellos, con pantalón.

Aparca su coche y, de camino al trabajo, un grupo de hombres cuchichea y sonríe cuando ella pasa. Uno de ellos, además, la saluda como si la conociera de algo. Ella los ignora y acude a la oficina, donde empieza con sus tareas rutinarias: reuniones con clientes, cafés, documentación, “qué guapa vienes hoy” y los “¿cómo estás, cariño?”, que nunca faltan.

Sale del trabajo a prisas y carreras para recoger a sus hijos al colegio. Su marido es quien los lleva por la mañana, mientras que ella sale un poco antes del trabajo para poder recogerlos por la tarde; un acuerdo, por cierto, que le costó de negociar en la empresa. Durante el trayecto intenta adelantar a un camión, pero en cuanto el camionero se gira y la ve, este empieza a acelerar para que no pase.

Después de unas cuantas vueltas por las inmediaciones del colegio, por fin recoge a sus hijos en la puerta.

—¡Hola, mamá!

—Hola, ¿qué tal ha ido el cole?

—Muy bien. Mañana tenemos el cumple de Sonia. ¿Y, sabes qué? Le vamos a regalar un bebé que llora cuando no le das de comer.

De regreso a casa, sus hijos hacen los deberes y ella se tumba en el sofá un rato. Mientras pasan algunos anuncios de cremas reductoras y antiarrugas capitaneadas por señoras mayores de buen aspecto, se queda dormida. Pero la tregua dura poco, porque los chillidos de sus hijos la despiertan:

—¡Mamá!

Suspira.

—Sí, ya voy…

Un monstruo vino a verme

Este relato está basado en una historia real.

Ese día iba a ser diferente para mí, y lo sabía. Algo en mi interior me lo decía. Aún así, actué con total normalidad: me levanté a las 7 para darme una ducha rápida, desayuné y me vestí con la ropa habitual para ir a trabajar.

Él se levantó justo cuando iba a marcharme, y me retuvo a sabiendas de que algo le escondía:

—¿No vas a ir a trabajar, verdad? —me preguntó.

—Quiero estudiar, ya te lo he dicho. Esos exámenes son muy importantes para mí.

—¿Para qué quieres estudiar ahora, si ya tienes un trabajo?

—Porque me gusta esa carrera —le respondí.

Empezó a cambiar la expresión de su cara, aunque seguía usando su tono normal de voz.

—Vamos, cariño, ya lo hemos hablado mil veces. Es necesario que trabajemos los dos para que nos podamos comprar cuanto antes esa casa que tanto nos gusta. Sabes que te quiero muchísimo y que estoy deseando que nos vayamos allí para asentarnos —Empezó a acariciarme con cuidado el rostro y a besarme—. Vamos, cielo. Dime que tú también lo estás deseando.

—No lo sé. Necesito pensar más en ello. Creo que no debemos precipitarnos.

—Venga, nena, no hay que pensar tanto —Empezó a abrazarme con fuerza—. Queremos estar juntos, y eso es lo más importante.

Me aparté de él con brusquedad y lo miré a los ojos con firmeza.

—Para mí estudiar también es importante, y quiero hacerlo.

Su sonrisa desapareció. Yo empecé a tener bastante miedo, pero al mismo tiempo sentí una liberación por haber dicho por primera vez lo que sentía y no lo que fuera necesario para complacerle. Él comenzó a dar vueltas a mi alrededor, inquieto, hasta que de manera repentina se acercó a la puerta de la entrada y la cerró con llave.

—¿Dónde están tus llaves de casa? —me preguntó.

Sentí pavor ante sus palabras. Las llevaba en el bolsillo de mi chaqueta, pero era la única manera de poder salir de allí. No le respondí nada, solo negué con la cabeza.

—¡¿DÓNDE ESTÁN?!

Me empujó hacia el suelo con violencia y mis llaves sonaron. Entonces, aquel individuo con el que convivía se transformó en un monstruo.

Este relato está basado en una historia real; en mi propia historia real para ser exact@s. Aunque sigan existiendo personas que niegan la situación real de desigualdad e injusticia que sufrimos las mujeres día a día; aunque no quieran ver más allá de sus convicciones e intereses personales, lo conseguiremos. Lograremos que esto acabe.

NI UNA MÁS. NI UNA MENOS. BASTA.