La madurez

Interpretación en forma de poema sobre esa gran etapa que nos adviene cuando menos lo esperamos, la de la madurez.

Madurar es que se te atragante el romanticismo.
El exceso de arrepentimiento.
La falta de tiempo.
El ego.
Es la soledad.
Es la otra perspectiva.
La que pensabas que no iba contigo.
La que viene para quedarse y no irse en la vida.
Son las decisiones que nos marcan para siempre.
Es la obligación de tener que elegir.
Es sufrir las consecuencias.
Y transigir.
Es padecer.
Aprender a golpes.
Pelear con uñas y dientes.
Es el proceso más duro, vivo y humano de crecer.

Cómo conseguir mi novela “Los caminos de la lucha”

Nunca os he hablado con detenimiento de Los caminos de la lucha. Convicciones, mi primer libro autopublicado que salió a la luz hace tres años. Se trata de un thriller social en el que los personajes, de gran espíritu luchador, se debaten por escoger un camino que mejore el mundo decadente en el que viven.

Está inspirado en la situación de crisis (tanto económica como social) que se vive en España desde hace unos años, y en los efectos de este en la población: el descontento y tensión en las calles, el nacimiento de nuevos movimientos por la ciudadanía y la necesidad de crear nuevas ideas para combatir esta situación.

Aquí os dejo el booktrailer de la novela:

Ahora me encuentro inmersa en la segunda parte, de la que os hablaré muy pronto… 🙂 Pero, mientras tanto, podéis conseguir esta primera parte en formato papel pinchando aquí. En 2-4 días laborales la recibiréis en casa por correo postal (por supuesto, firmada y dedicada). En caso de que no residáis en España y la queráis obtener en papel, podéis escribirme un correo a sintiempoparaleer.relatos@gmail.com.

Para quienes sois más de versión digital (pero no por ello menos románticos), tenéis disponible la novela en versión kindle. Este formato también se puede leer en cualquier móvil o tablet a través de la app de amazon kindle. Si estáis en España, podéis conseguirla pinchando aquí; y quienes no vivís en España la podéis localizar fácilmente en el dominio que corresponda a vuestro país de residencia (amazon. com, amazon.mex., etc).

Para cualquier duda que os surja podéis escribirme a sintiempoparaleer.relatos@gmail.com o compartir vuestra pregunta en los comentarios de abajo.

Saludos literarios 😉

Vendetta

Este es el relato de una mujer irreverente que desea vengarse de quienes la dejaron sin su casa.

Siempre me ha faltado el dinero, pero nunca me ha sobrado el ingenio. Por eso estoy aquí, agazapada, esperando el momento perfecto para meter mis narices en uno de los tantos vertederos de billetes comúnmente conocidos como cajeros. Los llamo así porque es de sobra conocido que el dinero que contienen procede de la máxima mierda. Sí, lo reconozco, también lo hago por pura diversión. Me gusta el mundo oscuro de internet y no depender de nadie para hacerlo.

Te preguntarás cómo soy, dónde vivo y esas cosas que le gusta saber a la gente. Pues siento decepcionarte, pero lejos de ser una rubia despampanante, soy una morena sin tintes ni trucos, bajita y de complexión pequeña. ¿Quieres que te siga decepcionando? Porque si es así te contaré que vivo en una pocilga, en el extrarradio de una gran urbe repleta de gente amargada y de contaminación. Mis “compañeros” de piso, por llamarlos de alguna forma, viven por y para drogarse. Yo no. En algo tenía que dar ejemplo. ¿No?

La gente me trata como si no sirviera para nada. Tan pequeña, tan frágil, tan mujer. Un día sentada en un banco, sola, escuchando música a todo volumen mientras miraba el mar, se me acercó un desgraciado que me dio un susto de muerte. Entonces, me quité los cascos cabreada por haberme cortado la canción y lo miré con odio.
—¿Estás bien? ¿Te he asustado? —me preguntó.
—¡¿Tú qué crees?! —le dije.
—Perdona, es que te he visto ahí tan sola y tan guapa… ¿Todo bien, cielo?
—Todo genial —respondí con sarna—. Estaba aquí, tan tranquila, intentando escuchar nu metal, hasta que has venido tú.
—¿Nu… qué?
—¡QUE TE LARGUES Y ME DEJES EN PAZ!

Como puedes observar, la paciencia no es mi fuerte. Además, hace tiempo que dejé de fingir ser simpática y agradable para caer bien a todo el mundo. Ahora solo quiero que me dejen vivir mi vida, y yo haré lo propio con los demás. Menos con los bancos; a esos no los pienso dejar en paz. Me quitaron mi casa y me dejaron arruinada cuando las cosas ya no iban bien. Y olvidaron demasiado pronto todo lo que había pagado cuando pude hacerlo. Así que ahora lo van a pagar con creces. O con intereses, como dicen ellos.

El personal de limpieza está a punto de marcharse. Deben de ser casi las diez de la noche. A estas horas, en invierno, la gente cena calentita en sus casas. Menos yo y cuatro gatos (literalmente) que vagamos en solitario por las calles. Para ellos (los gatos) no estoy segura, pero para mí solo es la hora de fumar. Creo que la nicotina no me hace nada en especial; ni me ayuda a pensar ni a concentrarme, solo a engancharme a un vicio más y a matar el infierno de la impaciencia. Porque así me siento, impaciente, cada vez que estoy a punto de acceder a las entrañas de la peor gentuza habida y por haber: la del dinero y el poder.

Despegue

A Claudia le toca iniciar el ascenso hacia otras tierras en busca de nuevas oportunidades.

Cuando se subió en aquel avión y se asomó por la ventanilla sintió un cosquilleo en su estómago por la emoción de afrontar nuevos retos y aventuras en otra ciudad. Aún así, seguía con esa sensación extraña de querer irse y a la vez no, que acababa derivando en la misma pregunta: 

¿Me arrepentiré de haber tomado esta decisión?

Fue al inicio del despegue cuando Claudia empezó a reaccionar; el dejar de pisar su tierra hizo que reparara ante lo que de verdad parecía ser una nueva etapa en su vida. Las lágrimas empezaron a descender de forma suave por sus mejillas y a emborronar el negro de su lápiz de ojos.

¿Se trataba de alegría o de tristeza? ¿O quizá de ambas cosas? El hecho de ir a trabajar a una nueva ciudad a miles de kilómetros de distancia de su casa, donde se hablaba otro idioma y conocer gente nueva le atraía, pero dejar a su gente allí la entristecía.

Aunque Claudia habría preferido que no se hubiese dado cuenta nadie, ya era tarde; notaba sus ojos congestionados y su respiración acelerada por el llanto. Su compañero de asiento la miraba con preocupación y sus gestos denotaban la intención de ayudarla. 

—¿Tienes miedo a volar? —le preguntó, ofreciéndole un pañuelo con torpeza.

—No, no es eso —respondió Claudia aceptando el pañuelo—. Gracias. —Continuó hablando mientras se secaba las lágrimas—. Me voy a trabajar a Londres, sola. Mi familia, mis amigos y mi pareja se quedan aquí.

Su compañero asintió con la cabeza como si ya lo hubiese escuchado en más de una ocasión y la dejó tranquila. Claudia agradeció su gesto y se asomó de nuevo a aquel trozo de cristal que la separaba de la nostalgia.

 

 

Difícil

Poema con el que me presenté al concurso de poesía de Editorial Círculo Rojo “Versos Descubiertos”.

Mil maestros con cien mundos recorridos

dejando sus huellas al pasar,

se marchan conforme han venido,

con sus recuerdos en el mar.

 

Los escribas de sus palabras,

pocos son.

Los discípulos de sus verdades,

raros son.

Aunque siempre nos queda un eco de su razón:

 

Tan lejano es el origen de las cosas

(dicen)

en aquellos libros sin desempolvar,

pues viviendo en el desierto de las maravillas,

lo fácil es ignorar.

 

Borrando marcas que nos hacen iguales;

separados por un cristal;

divididos entre muros de diamantes,

lo fácil es envidiar.

 

Y es que rápido se calla a las lenguas

que no piensan a la par,

porque pisando tierra con viejas heridas

(dicen),

lo difícil es amar.

Lejano

Mostrar nuestras emociones parece ser un signo de debilidad, o al menos eso piensa Rober, nuestro protagonista de hoy.

Era la mujer más bella que había visto en su vida. Él mismo había pensado que sonaba a tópico, pero no podía expresarlo de otro modo; era lo que de verdad sentía al verla. Sin embargo, siempre lo hacía de puertas para adentro, pues le resultaba demasiado ridículo exteriorizar sus sentimientos.

Cuando ella se acercaba a su grupo de amigos en el bar donde solían coincidir, empezaban a sudarle las manos y su boca se quedaba entreabierta. Estaba como hipnotizado. Y mientras él miraba su sonrisa brillante, el resto de sus amigos miraba sus piernas.

Tras la retirada de la mujer más hermosa del mundo, sus manos dejaban de sudar y su boca volvía a su posición normal, si bien notaba aún su cuerpo temblar. Ese era el momento en que sus amigos empezaban con los típicos comentarios que parecían estimular sus vidas:

―Está tremenda ―decía uno.

―Yo le enseñaba cuatro cosas ―seguía el otro.

―¿Has visto cómo le han crecido las tetas, Rober?

Pero Rober ese día no quería seguirles la corriente y se quedó mirando con rabia a su amigo, que esperaba su respuesta.

―¿Quieres que te diga la verdad? ―le respondió.

Su amigo asintió confuso.

―Lo que más me gustan son sus piernas.

El sol no volverá

Poema con el que me presenté al Concurso de Poesía “Pasiones de Verano” de Zenda Libros.

Tus ojos irradian frescura

en nuestras tardes de verano

frente al mar.

Se abre un abanico de estrellas

y crece su luna a medias

que nos hace olvidar.

 

Sobre el fino lecho de arena

ya no somos amigos,

somos amantes.

Las olas bailan nuestro canto,

y nos deleitan con el rastro

de su brisa fragante.

 

Noche de miedos y promesas,

sueños e ilusiones

que solo nuestras manos pueden tocar.

“No te vayas”, me dices.

“Ven conmigo”, te digo.

Creyendo que el sol no volverá.