Confort en la zona

Hay ocasiones en que el subconsciente puede alterar nuestro ritmo, como le sucede a la protagonista de esta historia.

Su vida era completamente normal. O al menos eso pensaba ella. Se levantaba a las ocho, le daba el beso de todos los días a su mujer cuando esta se marchaba a trabajar y desayunaba pan integral, frutas y café mientras leía la prensa. Después de una ducha con su música favorita de fondo, elegía uno de sus looks elegantes para ir a la oficina.

Siempre se había sentido feliz y cómoda: a pesar de no tener grandes lujos, consideraba que no le faltaba de nada. Ella y su mujer podían permitirse salir a cenar los fines de semana, viajar todos los veranos y tener contratado a un asistente de limpieza en casa. Qué más podía pedir.

Sin embargo ese día, de camino al trabajo, estaba más pensativa que de costumbre. De hecho, ni siquiera había conectado la radio del coche para escuchar su programa de siempre. El subconsciente aquel día se había rebelado por completo y se empeñaba en trastocarla por dentro:

¿Quieres vivir así toda tu vida, rodeada de comodidades, pero sin luchar por aquello que de verdad te apasione?

Aquellas palabras consiguieron que se revolviera en su asiento, pero intentó borrarlas de su cabeza concentrándose en la conducción. Encendió la radio esta vez: la voz del locutor conseguía que se evadiera de la gente estresada al volante, de los largos ratos de espera al semáforo, y de sus pensamientos. 

Sombras

¿El amor se puede elegir? Es lo que se pregunta esta mujer mientras duerme con su amante.

La despertó el calor de su respiración, suave y profunda, que reflejaba la complacencia de haber compartido la noche juntos. Tras observarlo durante un rato concluyó que poseía un atractivo natural del que resultaba difícil resistirse y por el cual había acabado por enésima vez, durmiendo a su lado. También era amable, sincero, divertido…; cualquiera habría matado por estar con un hombre así.

Por si fuera poco, en más de una ocasión había demostrado que la quería, pero ella, con tristeza, no podía corresponderlo. <<¿Por qué?>>, se preguntaba impulsivamente conociendo de antemano la respuesta.

Sabía que no podía desprenderse del recuerdo del único hombre al que había amado en su vida. Aquel cuyo rostro invadía su mente por completo antes y después de dormir. Aquel que con su sola presencia conseguía partir todos los planes en mil pedazos.

Qué injusto era no poder ver el cuerpo que tenía delante, sino tan solo la sombra del hombre al que de verdad quería. Así que, después de haber intentado borrarlo por todos los medios posibles, se dio cuenta de la inutilidad de escoger a alguien haciendo uso de la razón.

Era él; solamente lo amaba a él.