Miedos

¿Quién no tiene miedo(s)?

Miedo a salir.

Miedo a dejarse llevar.

A hablar ante decenas de personas.

Miedo a amar y a ser amado.

Miedo a sufrir.

 

Miedo a meterse en un agujero sin ventilación.

A entrar en una calle sin salida.

A fracasar.

Miedo a estar solo en casa.

O sola en cualquier lugar.

 

Miedo a morir.

Miedo al qué dirán.

A no ser igual que los demás.

A saltar desde las alturas.

Miedo a cambiar.

Aguas salvajes

Las que nunca pertenecerán a nadie.

(Versión I)

 

Paseo entre sus lindes,

descubro sus sorpresas.

Aspiro a ser.

 

Me adentro en los secretos

que guardan sus profundidades,

mas solo intento conocer.

 

Camino entre sus límites,

en busca de otras huellas,

aunque no las pueda ver.

 

Me pierdo en sus tormentas,

contenta con sus partes,

me conformo con creer.

 

Es el precio de ser libre,

aunque solo sea a destiempo,

aun sin querer.

 

 

(Versión II)

 

Entre sus límites camino

con una mezcla de miedo y esperanza,

en busca del tiempo perdido.

 

En sus profundidades me pierdo

con los secretos más íntimos

de quienes osan sus andanzas.

 

A sus olas sin dueño ni dueña me aproximo,

para imitar su movimiento

de aparente calma.

 

En sus mareas me arremolino,

y con los animales me encuentro

para unirme a su libre danza.

Cíclico

La vida se reduce a ello, a lo cíclico.

La alarma del despertador,

el perfume de tu pecho,

las aguas rugiendo bajo la ducha,

el aroma a café tostado.

Un beso, adiós, me voy.

 

La calma de la mañana,

las prisas de la gente,

el mar de fondo con su grandeza.

Los buenos días de siempre,

los quehaceres otra vez.

 

Las pantallas que acaparan,

la comida entre risas,

el frío de la noche temprana,

un poco de ejercicio,

cuídate, hasta mañana.

 

La cálida vuelta a casa,

las manos entrelazadas,

los fotogramas compartidos,

una dosis de abrazos y caricias.

Buenas noches, que duermas bien…

Ya está aquí…

El último relato del año.

El olor a castañas invade las calles. Viene el frío para quedarse y las sonrisas de pequeños y grandes posponen los problemas de siempre. Las luces y el hórror vacui reinan en las tiendas y los balconesLas familias se unen y los amigos se reencuentran. Un soplo de aire nuevo nos visita: aunque sea el mismo de todos los años lo esperamos con cierta ilusión; y con nostalgia, pues no dura para siempre.

Hay un año nuevo a la vuelta de la esquina que esperamos con incertidumbre y que nos hace reflexionar…

¿Qué he hecho bien?

¿Qué he hecho mal?

Esto lo tengo que cambiar…

Sabemos que no va a durar por mucho tiempo, así que nos agarramos a su brevedad sin querer soltarnos. Queremos vivir más, sentir más, beber más… Con mayor compañía o con menor soledad.

Ya está aquí la Navidad…

¡Felices fiestas a tod@s!

 

 

 

 

 

 

La cima de los sueños

Un viaje (in)alcanzable a las alturas.

Los montes escarpados se enredan entre las nubes, coronados por el sol.
Son tan altos que la vista apenas alcanza a verlos; tan oscuros en contraste con el suelo, que parecen provenir de otro universo.

El cielo es todavía de un color azul intenso, pero que se va adormeciendo por la entrada del otoño.
Y yo aquí, tan diminuto, pretendo encajar entre toda esta inmensidad, e intento tocar con los dedos lo que solo el alma puede rozar.

Viento de otoño

Poema con el que participo en el Concurso de Poesía “Otoño” de Zenda Libros

Sentada en nuestro viejo banco de madera
recuerdo nuestros besos
en las tardes de otoño,
con el viento arrastrando sus hojas de oro y tierra.

Aquí donde surgieron tus dudas,
y con la brisa meciendo montañas de hojas caídas,
te sigo esperando
después de tanto tiempo.

La madurez

Interpretación en forma de poema sobre esa gran etapa que nos adviene cuando menos lo esperamos, la de la madurez.

Madurar es que se te atragante el romanticismo.
El exceso de arrepentimiento.
La falta de tiempo.
El ego.
Es la soledad.
Es la otra perspectiva.
La que pensabas que no iba contigo.
La que viene para quedarse y no irse en la vida.
Son las decisiones que nos marcan para siempre.
Es la obligación de tener que elegir.
Es sufrir las consecuencias.
Y transigir.
Es padecer.
Aprender a golpes.
Pelear con uñas y dientes.
Es el proceso más duro, vivo y humano de crecer.