La cima de los sueños

Un viaje (in)alcanzable a las alturas.

Los montes escarpados se enredan entre las nubes, coronados por el sol.
Son tan altos que la vista apenas alcanza a verlos; tan oscuros en contraste con el suelo, que parecen provenir de otro universo.

El cielo es todavía de un color azul intenso, pero que se va adormeciendo por la entrada del otoño.
Y yo aquí, tan diminuto, pretendo encajar entre toda esta inmensidad, e intento tocar con los dedos lo que solo el alma puede rozar.

Viento de otoño

Poema con el que participo en el Concurso de Poesía “Otoño” de Zenda Libros

Sentada en nuestro viejo banco de madera
recuerdo nuestros besos
en las tardes de otoño,
con el viento arrastrando sus hojas de oro y tierra.

Aquí donde surgieron tus dudas,
y con la brisa meciendo montañas de hojas caídas,
te sigo esperando
después de tanto tiempo.

La madurez

Interpretación en forma de poema sobre esa gran etapa que nos adviene cuando menos lo esperamos, la de la madurez.

Madurar es que se te atragante el romanticismo.
El exceso de arrepentimiento.
La falta de tiempo.
El ego.
Es la soledad.
Es la otra perspectiva.
La que pensabas que no iba contigo.
La que viene para quedarse y no irse en la vida.
Son las decisiones que nos marcan para siempre.
Es la obligación de tener que elegir.
Es sufrir las consecuencias.
Y transigir.
Es padecer.
Aprender a golpes.
Pelear con uñas y dientes.
Es el proceso más duro, vivo y humano de crecer.

Difícil

Poema con el que me presenté al concurso de poesía de Editorial Círculo Rojo “Versos Descubiertos”.

Mil maestros con cien mundos recorridos

dejando sus huellas al pasar,

se marchan conforme han venido,

con sus recuerdos en el mar.

 

Los escribas de sus palabras,

pocos son.

Los discípulos de sus verdades,

raros son.

Aunque siempre nos queda un eco de su razón:

 

Tan lejano es el origen de las cosas

(dicen)

en aquellos libros sin desempolvar,

pues viviendo en el desierto de las maravillas,

lo fácil es ignorar.

 

Borrando marcas que nos hacen iguales;

separados por un cristal;

divididos entre muros de diamantes,

lo fácil es envidiar.

 

Y es que rápido se calla a las lenguas

que no piensan a la par,

porque pisando tierra con viejas heridas

(dicen),

lo difícil es amar.

El sol no volverá

Poema con el que me presenté al Concurso de Poesía “Pasiones de Verano” de Zenda Libros.

Tus ojos irradian frescura

en nuestras tardes de verano

frente al mar.

Se abre un abanico de estrellas

y crece su luna a medias

que nos hace olvidar.

 

Sobre el fino lecho de arena

ya no somos amigos,

somos amantes.

Las olas bailan nuestro canto,

y nos deleitan con el rastro

de su brisa fragante.

 

Noche de miedos y promesas,

sueños e ilusiones

que solo nuestras manos pueden tocar.

“No te vayas”, me dices.

“Ven conmigo”, te digo.

Creyendo que el sol no volverá.

El gancho

Un poema sobre el amor que perdura en el tiempo.

Tú me miras. Yo te miro.

Las penas se disipan en el viento.

Lo llano, lo plano,

es lo que llena este momento.

Nada más necesitamos,

solos tú y yo.

Con nuestros juegos absurdos.

Con nuestro encanto.

 

El tiempo nos une,

la juventud ya nos ha desafiado.

La madurez no nos disgusta,

más bien al contrario;

porque sabemos que juntos,

con nuestros juegos absurdos,

con nuestro encanto,

para nosotros es el gancho.