Mi novela disponible bajo demanda en más de 4000 librerías

¡Tenemos buenas noticias! Mi libro «Los caminos de la lucha. Convicciones» ya se distribuye por toda España en versión papel. Esto es gracias a que Círculo Rojo, la editorial con la que autopublico mis obras, cerró un acuerdo con Logista Libros el año pasado para distribuir sus libros en más de 4400 librerías del país.

Así pues, además de por las vías habituales, también podéis conseguir mi novela acudiendo a vuestra librería de confianza o más cercana y solicitando un ejemplar para que os llegue en unos pocos días. ¡Así de sencillo!

Si tenéis cualquier duda a la hora de adquirir «Los caminos de la lucha. Convicciones», escribidme un correo a sintiempoparaleer.relatos@gmail.com o compartidlo en los comentarios de abajo. ¡Os leo atentamente!

Muchas gracias por estar ahí.

Saludos.

POSDATA: el próximo libro que tengo entre manos, que es la segunda parte de esta novela, también estará disponible muy pronto en todos estos establecimientos, así que aprovechad y haceos con la saga 😉

Pride

Déjame vivir

con mis gustos y preferencias,

aunque no sean como las tuyas,

aunque no las entiendas.

 

Déjame elegir

los lugares donde ir,

la ropa que yo quiera;

por mí no debes decidir.

 

Déjame cambiar,

cuando y como desee.

No es ninguna tontería.

Es mi cuerpo y mi mente.

 

Déjame amar

a quien yo prefiera,

aunque no sea como tú,

aunque no lo comprendas.

 

No me mires así;

en verdad somos iguales.

Haz por incluir(me).

Haz por no juzgar(me).

Licor de estrellas

Microrrelato con el que he participado en el certamen literario Tinta lunar, de la editorial Círculo Rojo

El inspector huyó de su rutina diaria en busca de soledad. Estaba a punto de cerrar un caso sin resolver y la noche se presentaba más fría que de costumbre. La luna era su única acompañante, su mejor confidente en la oscuridad. «¿Qué es lo que no está encajando?», le preguntaba, como si ella pudiera darle una respuesta.

Le dio un trago a su petaca de brebajes, como él mismo la denominaba, y en parte logró recomponerse. Después, volvió a mirar al horizonte y la luna empezó a tornarse más brillante, hecho que inquietó al inspector. Cerró sus ojos con incredulidad y los volvió a abrir. Aquel bello satélite todavía brillaba más.

Fue entonces cuando el puzle de su mente unió las piezas que faltaban y todo empezó a cobrar sentido. ¡Vaya! Por fin había averiguado quién era el autor del crimen sin resolver y por qué el asesino había arrebatado la vida a aquella víctima. Con una gran sonrisa, el inspector dio las gracias a su luna confidente y le dedicó el último gran trago de su licor de estrellas.

Noche mágica

Era la primera vez que Mar pisaba aquellas tierras tan simples y hermosas. Sus gentes eran amables y hospitalarias, a la par que sencillas, y en parte le recordaban a los pocos habitantes que vivían en el pueblo de sus abuelos.

Había ido allí para desconectar del estrés. Allá en la gran urbe, donde vivía sola desde hacía unos años, Mar había decidido tomarse unos días libres en el primer lugar del país que se le había antojado.

«Es la noche de San Juan. ¿Por qué no ir a celebrarlo?», pensó. Y en unas pocas horas estaba en una playa perdida a más de 400 km de distancia de su casa. Se fue sola, mochila en mano, con las cosas necesarias: una toalla, un poco de comida y sus pensamientos.

Mar no era creyente, pero le gustaba conocer la historia de los lugares que visitaba. Por lo que había leído, la noche de San Juan parecía ser de origen pagano, aunque el cristianismo la adoptó y la convirtió en la festividad que hoy en día conocemos.

La versión pagana que más se repetía de esta festividad era la de que el sol se había enamorado de la Tierra, y que este se resistía a abandonarla con la entrada del solsticio de verano, tras el cual los días se acortaban.

Mientras pensaba que la versión pagana de esta noche mágica le había encantado, se adentró en una zona concurrida de la playa, donde varias familias y grupos de jóvenes se preparaban para recibir la famosa víspera de San Juan.

Eligió un lugar lo suficientemente cercano a la gente como para sentirse acompañada, pero lo suficientemente lejano como para tener un poco de intimidad. Después, dispuso su toalla frente al mar y disfrutó del sonido de las olas.

—Te falta lo más importante —oyó decir a alguien.

Se incorporó y vio a una chica de su misma edad observándola sonriente junto a dos personas más.

—¿Qué es lo que me falta? —respondió Mar.

—¡Pues hacer una hoguera! —dijo la chica mientras el resto reía y después le tendió su mano para presentarse—. Me llamo Sol.

—Encantada, yo soy Mar —respondió confusa ante el asalto inesperado de aquel grupito—. No sé hacer una hoguera, si te soy sincera. Pero no me importaría tener una, empieza a hacer frío.

—No te preocupes —contestó Sol sonriente—, estamos preparando una. Vente con nosotros.

Mar se fue con ellos a una zona con montones de comida, troncos y papeles de revistas. Sol y varias personas cavaron un gran hoyo en la arena con las manos y, en cuestión de pocos minutos, encendieron la hoguera con fuerza.

—¡Wow, me encanta! —dijo Mar, que alucinaba por la fiereza de las llamas.

Sol sonrió y todos formaron un círculo alrededor del fuego. Pronto se se sintió el calor de las brasas con las que Mar se quedaba embobada constantemente, y los demás bebían y comían mientras contaban anécdotas.

Llegada la medianoche, todos escribieron sus deseos en un papel. Después, se iban turnando para lanzarlo al fuego a la vez que saltaban la hoguera. Mar se sintió en esos momentos arropada y a gusto, como si conociera a aquellas personas desde siempre.

Pero lo que más le gustó es que, en más de una ocasión, pilló a Sol observándola con una sonrisa tímida que ella, a su vez, le devolvía. Mar vio en ella una luz diferente a la del resto de personas que había conocido hasta el momento.

Era el turno de Mar. Esta miró a Sol, apretó con su puño el papel que contenía su deseo, y se levantó para lanzarlo a la hoguera en aquella noche mágica que no olvidaría jamás.

Mar profundo

Entraste en mi vida sin que te lo pidiera, sin saber quién eras. Te confundí con un mal día, pero pasaba el tiempo y seguías presente. Eras impredecible y desagradable, no había forma de apartarte de mi camino. Me desafiabas y me machacabas psicológicamente hasta agotar todas mis fuerzas, hasta caer exhausta ante tus garras.

Me hiciste enfermar durante años. Pensé que ya no había salida, pues solo me traías soledad y oscuridad. Los miedos se multiplicaban, todas las alarmas de mi cuerpo saltaban. Nadie me entendía. No podía más. Me levantaba con desgana y me acostaba con tristeza. No había colores. No había sol, tan solo temor.

Mis sueños e ilusiones se desmoronaron. Arrasaste con todo, me dejaste sin nada en que poder apoyarme. En el espejo me enseñabas otra cara, otro cuerpo que no conocía. Era imposible reconocerme. «¿Esa soy yo?». «¡SÍ!», me contestabas una y otra vez, hasta que mi autoestima se fue por el lavabo y el rosado de mis mejillas se acabó evaporando.

Me sumergiste en un mar profundo y oscuro. En él me ahogué varias veces, y parecía hundirme cada vez más hacia adentro. Rocé el fondo, que era sombrío y silencioso. A punto estuve de quedarme allí para siempre. «No hay vuelta atrás»; «se acabó», me decías.

Un día abrí los ojos y atisbé un reguero de luz por el que guiarme. Parecía un pequeño hilo de esperanza. Nadé hasta allí con muchas dificultades, pues todo mi cuerpo pesaba demasiado, pero logré escapar de aquel mar oscuro al que me habías lanzado hacía mucho tiempo.

Salí a la superficie con fuerza y allí me quedé expectante, con miedo a que volvieras a aparecer. Solo conseguí atraerte de nuevo, incluso con más intensidad. Por supuesto, lo volviste a hacer: me atrapaste con tus sucias redes para devolverme al mar profundo y oscuro.

Por mucho que nadara e intentara escapar de allí, venías a por mí una y otra otra vez para lanzarme al abismo. Sin embargo, un día inesperado logré adelantarme a tus pasos y enfrentarme a ti cara a cara. Fue duro, pero logré ahuyentarte. Después lo volviste a intentar en otras ocasiones, pero yo ya estaba preparada para atacar.

Ya no eres esa niña…

Que abraza la felicidad con un simple juego.

Que solo sonríe en los buenos momentos.

Que llora siempre que algo no sale bien.

 

Ya no eres esa niña…

Que espera impaciente su regalo de cumpleaños.

Que se ilusiona con cualquier trivialidad.

Que teme la oscuridad de la noche.

 

Ahora eres esa mujer…

Que abraza el cariño de quien está cerca.

Que sonríe sin excepción ante las adversidades.

Que solo llora cuando ya no puede más.

 

Ahora eres esa mujer…

Que espera sin impaciencia.

Que se ilusiona nada más que cuando debe hacerlo.

Que ansía la oscuridad de la noche y el silencio.

 

Ya no eres esa niña. Ahora eres esa mujer.

Imborrable

Ayer usó la tinta del dolor y la memoria.

Hoy utilizará la tinta de los sueños y el amor.

La primera permanecerá para siempre allá donde vaya;

la segunda, probablemente, no.

Pero no le importa:

prefiere gozar de la breve felicidad a vivir en la imborrable desdicha.