Perfume (Parte I)

Acompañado del periódico de sucesos, el inspector Garrido despeja su mente durante el primer café de la mañana. La cafetera del bar trabaja a un ritmo constante para alimentar a los más madrugadores, hasta que ella, la subinspectora Pérez, aparece por la puerta con su habitual paso firme.

Sorry, me he dormido.

Ella es la única razón por la que merece la pena levantarse cada mañana, pero nunca se lo dirá. Está casada, y él es un puto borracho cobarde. Mejor así.

—Un café para la subinspectora y otro para mí.

—Deberías dejarlo ya.

Ese día su aroma es distinto. Es fresco y ligeramente dulce, con toques de vainilla. Quizás haya cambiado de perfume.

—Los de la científica acaban de mandarnos los resultados de las pruebas. No tenemos una mierda —dice él consultando la tablet.

—¿Por qué no es tan fácil como en CSI Miami?

El inspector Garrido y la subinspectora Pérez están inmersos en una investigación de la UDEV relacionada con el asesinato de un hombre. Hacía apenas cuarenta y ocho horas que habían encontrado su cadáver en el arroyo de un río cercano a la ciudad. El cuerpo presentaba una serie de lesiones que coincidían con las de otro hombre asesinado hacía un mes.

Los medios de comunicación, por supuesto, se habían hecho eco de la noticia desde el principio y habían logrado sembrar el pánico en la ciudad. Dos asesinatos en poco más de un mes con el mismo modus operandi solo podían significar una cosa: había un asesino en serie suelto por las calles.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, una mujer anónima lleva a cabo sus tareas diarias con normalidad: madrugar, trabajar y acudir a su clase de CrossFit. Después, pasa el resto de la tarde con su gato y entre sus libros mientras prepara su plan para la próxima salida nocturna. Ya queda poco.

 

Tras el café matutino, Pérez y Garrido acuden a la comisaría en busca de nuevas pistas que logren aportar algo de luz a la investigación. No hay huellas ni rastro alguno de la persona que acabó con la vida de esos dos hombres, así que dedican la mañana a investigar la vida de los fallecidos en busca de un denominador común.

Casi a la hora de la comida, Pérez encuentra algo.

—Estos dos hombres eran empresarios de éxito internacional en sus respectivos ámbitos y llevaban vidas acomododadas. Pero lo que más me ha llamado la atención es que ambos fueron denunciados por malos tratos y al poco tiempo las denuncias fueron retiradas.
—¿Han sido denunciados más veces después?
—No que yo sepa.
—Habrá que investigar más sobre esto.

Los inspectores deciden acudir a los domicilios familiares de las víctimas para obtener más datos sobre sus vidas personales. Garrido, por un lado, entrevista a la madre de la primera víctima, pero ella le dice que no sabe nada de la denuncia ni de la chica que lo denunció. De hecho, parece bastante sorprendida. Pérez, por otro lado, consigue hablar con la mujer de la segunda víctima, que fue quien lo denunció por malos tratos.

Tras las entrevistas, los policías se encuentran en otra cafetería distinta a la habitual —una técnica recomendable para potenciar la creatividad, según Garrido— y comentan los resultados de las conversaciones con los familiares.
—¿Por qué retiró la denuncia? —pregunta él.
—Según dice, fue un malentendido y la discusión se les fue de las manos, pero no se lo cree ni ella.
—La tendría amenazada.
—Es muy probable, sí. Ya sabes cómo funciona la gente de poder.

 

Al día siguiente, los dos inspectores se encuentran en la cafetería con la mente más despejada después de haber dormido unas pocas horas. Allí sirven los cupcakes favoritos de ella.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, una mujer anónima se mira el vientre en el espejo y aprieta los puños. Podría estar embarazada de veintisiete semanas y llevar una vida feliz si no hubiese sido por él…; él lo jodió todo. Se odia a sí misma por haberse enamorado de aquel ególatra sin escrúpulos. Pero más se odia a sí misma por haber cedido a sus presiones. Fuiste débil.

—¿Has averiguado algo sobre la expareja de nuestra primera víctima?
—Sí. Se llama Sara Robledo, tiene veintisiete años y es azafata de congresos. Aquí tengo algunas fotos de sus redes sociales.
—Vaya, es muy atractiva, y bastante más joven que la víctima. Vamos a ver qué nos cuenta.

 

Sara se asusta cuando escucha el timbre. ¿Quién será a estas horas? Cuando abre la puerta, encuentra a los inspectores Pérez y Garrido.
—Buenos días, venimos a hacerle unas breves preguntas.
—Me marchaba a trabajar ahora mismo, pero si no vamos a tardar mucho, adelante, pasen. ¿Quieren que les prepare un café? —les dice con la mejor de sus sonrisas.

Autor: Aitana Morales

Los libros siempre nos acompañan, pero son sus historias con las que nunca dejamos de soñar. De mi amor por las historias nace ¡Sin tiempo para Leer!

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