Mariela

Sus labios carnosos destacan con el color granate, que está, por cierto, muy de moda en Instagram. Lo llevan muchas famosas. Sus uñas son de gel y están pintadas del mismo tono que el pintalabios. No hace mucho frío afuera, así que hoy estrenará el vestido color hueso que tanto favorece su figura. Últimos retoques en el espejo, y lista.

Su madre aplaude su conjunto; su padre, no tanto. «Llévate una chaqueta, que luego refresca», dice ella. «Ni se te ocurra llegar tarde, Mariela», advierte él. Ella se despide con los ojos en blanco y les da un beso a regañadientes. «No os preocupéis, que me vuelvo en taxi con Victoria y Manu».

Ya en la discoteca suenan canciones de reguetón, un género del que se acaba aburriendo enseguida. Pero allí están todos sus amigos y amigas; y el chico que le gusta. Él ya la había mirado alguna que otra vez. «Venga, tírale la caña», le dice Victoria. Mariela se acerca a la barra a por dos pintas. Allí está él con sus amigos, que no le caen del todo bien.

—Hola.

—Hola.

—¿Estás sola?

—No, con una amiga. No suelo beberme dos cervezas de golpe —dice entre risas.

Su amigos miran desde atrás expectantes.

—¿Te vienes con nosotros a beber?

—¿Adónde?

—Al piso que tenemos aquí cerca. Ven con tu amiga, si quieres.

Mariela le lleva la bebida a su amiga y le cuenta la conversación.

—¡Pero tía, si lo tienes en el bote!

—Ja, ja, ja —contesta mientras bebe unos cuantos tragos de cerveza—. ¿Me acompañas, porfi?

—Pues es que ha venido Sofía, tía, y hemos dicho de quedarnos por aquí un rato más. Vete con él y luego me cuentas. Te espero aquí —le dice guiñándole un ojo.

Cuando salen de la discoteca, él la agarra de la mano y le sonríe. El alcohol empieza a hacer efecto. «Y menos mal». Ese chico ocupa su cabeza desde hace semanas y no quiere mostrarse nerviosa. Llegan al piso y sus cuatro amigos empiezan a comportarse raro. De hecho, uno de ellos comienza a grabar con el móvil. Algo no va bien, pero en cuanto intenta reaccionar, se siente agotada y todo da vueltas a su alrededor.

Nueva vida

Desperté en un hospital tras un largo sueño y apenas recordaba mi nombre o el de mi familia. Mi pierna derecha no cesaba de palpitar. Me dolía.

Los médicos decían que había tenido mucha suerte, pero no sé a qué se referían. Intenté doblarme hacia mi lado izquierdo y un súbito dolor me lo impidió.

Entonces recordé. Yo conducía, y Mario estaba a mi lado. Ambos reíamos y cantábamos canciones malas de nuestra juventud.

Eran las dos de la mañana y volvíamos de cenar con unos amigos. Yo no bebía nunca, así que siempre me tocaba conducir.

Pero un kamikaze se nos cruzó en medio de la autovía y no hubo forma de esquivarlo. Solo escuché un golpe seco y mi cabeza dio vueltas. 

Cuando volví a la realidad, miré a la enfermera que me atendía y le pregunté por Mario. Ella me devolvió una mirada de preocupación. 

—Está grave. Voy a preguntar cómo va. Tú estáte tranquila. 
—Si consigue hablar con él, por favor, dígale que le quiero —contesté.

La enfermera sonrió y se fue, pero volvió para avisarme de que seguía grave y que por desgracia no había podido hablar con él.

Lloré durante varias horas. Quería ir a verlo, pero tenía la pierna rota y no podía moverme. Lo echaba tanto de menos… 

Nuestra relación siempre se había tambaleado como una tabla en medio del océano. Aunque siempre terminaba flotando. 

Al día siguiente me despertó el sonido de una bandeja. Venían a traerme el desayuno, pero no tenía apetito.
—Tienes que comer algo —me dijo el enfermero, como si supiera qué estaba pensando.

Abrí la bandeja y comí con desgana. 
—Además —añadió—, tienes que recuperarte pronto, porque él también te quiere y está deseando verte.

La noche

Es la que acompaña al atardecer en su despedida.
La que abre un fino lienzo de estrellas,
y rocía con su hielo las hojas
en la entrada de un nuevo amanecer.

Sus luces artificiales nos guían.
Su luz natural altiva y poderosa nos enseña su fuerza:
la de los mares y océanos,
la de sus breves encuentros con el sol.

Es aquella que muchos temen y otros ansían.
En la que los débiles sobreviven,
y los depredadores buscan su alimento,
o su venganza.

Es la madre del invierno,
la enemiga del verano,
la que invade nuestros pensamientos y preocupaciones.
Es la amante del silencio.

Retazos de una pandemia

A raíz de la crisis que nos persigue desde hace meses, nuestra visión sobre el mundo y sobre la vida está cambiando a pasos acelerados. Ahora valoramos cosas que antes ni pensábamos, como disfrutar más de la naturaleza o de la compañía de los nuestros. Y hasta aquí la parte más Happy Mind.

El coronavirus no solo es un fenómeno que afecta a nuestra salud durante un tiempo y que nos deja indiferentes después, es un giro drástico en nuestras vidas que nos hace cambiar como individuos y como sociedad.

Las diferencias sociales se acentúan, las distancias sociales aumentan, los problemas psicológicos se multiplican. Cada uno de nosotros nos hemos visto afectados por esta debacle que causará estragos en nuestra forma de vida y que será estudiada en el futuro por historiadores y sociólogos, como ya ha sucedido con otras pandemias como la peste negra.

¿Quién diría hace unos meses que el teletrabajo iba a adquirir la importancia que tiene en estos tiempos? ¿Quién iba a pensar en la importancia de leer, de informarse, de contrastar las noticias falsas que nos bombardean cada día? ¿Quién diría lo importante que es tener salud (y un buen sistema sanitario) para que todo vaya sobre ruedas? Nótese la ironía…

Quizá ahora y en el futuro debamos replantearnos nuestra forma de comunicarnos, de trabajar y de convivir, aunque muchas personas se aventuren a pensar que esto va a servir de poco y que, por mucho que queramos subsanar nuestros errores del presente y del pasado, la historia siempre se repite.

Al menos habrá que intentarlo.

Retiro en el pueblo

Es mediados de agosto y Sofía se encuentra en una casa rústica con su marido de vacaciones. Tan solo se oyen los aleteos de los pájaros y los ecos de las cigarras. De vez en cuando, también se oye el tañido de una campana que obedece a la lentitud del tiempo.

Él duerme en paz, mientras que ella sueña despierta. A Sofía siempre le ha gustado vivir alejada de la realidad. Se siente libre y tranquila por el simple hecho de no hacer nada, aunque esa es más bien la visión de estos tiempos que corren: ver, escuchar y callar ya es hacer algo, como le decía su abuelo.

Tras tantos meses de duro trabajo que han acrecentado las cuentas de sus bancos y les han traído más de un disgusto, Sofía y su marido aprenden a frenar sus ajetreadas vidas y a esconder sus relojes digitales. Pero lo que no saben es que han ido a visitar el pueblo equivocado.

Cuando aquella figura, a la que Sofía no le da tiempo a ver, la agarra por el cuello hasta que se le nubla la vista, el tiempo sí se para esta vez.

Dos lecturas para este verano

Estas vacaciones de verano van a ser muy atípicas. Eso es innegable. Pero a quienes nos gusta la lectura nos apoyaremos en nuestros sagrados escritos estemos donde estemos: en casa encerrados, en la playa delimitados por palos o de viaje en el pueblo de al lado. Por eso me gustaría contribuir a esos ratos de tranquilidad y lectura que tanto nos entretienen con algunas ideas e inspiraciones para estas vacaciones. Vamos allá.

  • Llamadme Alejandra (Espido Freire)

Esta novela histórica, con la que su autora ganó el Premio Azorín 2017, nos traslada al final de la dinastía Romanov. Su protagonista es Alejandra de Rusia, quien nos narra su vida y sus secretos más íntimos sin saber que esa será su última noche.

He tenido el placer de escuchar a Espido Freire en un curso de Escritura Creativa y cuando nos contó con sus propias palabras cómo había preparado el enfoque de esta novela, la verdad es que me quedé prendada con su explicación. Así que, Llamadme Alejandra, de este verano no pasas.

  • La oscuridad de Venecia (Catherine Roberts)

Esta novela corresponde a la segunda parte de la saga La contrabandista de arte. Su protagonista, Serena Santacruz, es una famosa contrabandista de arte y reliquias que vivirá sus aventuras junto a personajes tan variopintos como un heredero árabe, una marquesa o un rico empresario.

Como la primera parte de esta saga (que se titula El mecanismo) me gustó tanto, no he podido resistirme a empezar ya con la segunda. Con esta obra, además, su autora participa en el Premio Literario Amazon 2020. Aquí os dejo el enlace de la novela en versión kindle.

Bueno, querid@s amig@s y lector@s, espero que estas ideas os sirvan de inspiración para vuestras lecturas y que paséis un feliz verano.

¡Hasta la vuelta!

Vísceras

Desnuda ante la oscuridad que precede a la tormenta y sacude la calma.

Con rasguños en brazos y pies por la lucha constante. Por el debate que nunca acaba entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto.

El nudo en el estómago por las vísceras calientes, por la sangre que fluye de una parte a otra de las profundidades de la piel.

El grito ahogado. La rectitud que lo reprime cada vez que aparece.

Las lágrimas en silencio y la sensación de injusticia. El corazón quebrado de tanto anhelo y dolor.

La espera interminable por el capricho indecoroso.

El «quiéreme» que nunca llega.

La desesperación.

Caos

Me equilibro sobre mi cabeza con los pies apuntando al cielo. Unos van para allá, otros para acá. Se chocan y ni se miran. No escucho ninguna canción entera; las letras se entrecruzan sin sentido. Amor, te odio, vete por donde has venido.

Gente de veinte que vive como los de cuarenta. Gente de cuarenta que aparenta tener veinte. Influencers. Vintage. Cuarenta billetes de los grandes con veinte neuronas de las pequeñas. Muchas veces es proporcional. Exponencial a la inversa.

Quiero alzar el vuelo y me amarro con un ancla a lo más profundo. Predico la soledad mientras voy en busca de letras, voces y cuerpos. Contaminación con ruedas de caucho ecológico. Algodón de azúcar de caña integral. Mares de plástico.

Nuevas sensaciones

Ha de pasar una catástrofe o una crisis como la de esta pandemia para que se pare el mundo y nos demos cuenta de las pequeñas bondades que nos rodean. También nos damos cuenta de lo contrario, pero eso lo dejamos para otro día…

En mi caso, por ejemplo, después de tanto tiempo encerrada en casa, me deleito con pequeños detalles que hasta el momento habían sido insignificantes para mí (o al menos estaba demasiado acostumbrada a ellos y no los valoraba lo suficiente):

  • La naturaleza que nos rodea.
  • El sonido del mar.
  • La lectura de un buen libro en papel (recomendado además por tu librería de confianza y no por reseñas más o menos impersonales de Amazon).
  • Una cerveza al aire libre en buena compañía.
  • Los encuentros con la familia y las amistades después de tantos días.

Me gustaría que estas sensaciones que estoy experimentando tras el confinamiento perduraran en el tiempo. Sé que será difícil porque, como ser humano que soy, en mi naturaleza está olvidar. Sé que me acostumbraré pronto.

Quizá la clave esté en saber parar de vez en cuando, en dejar que el ritmo frenético de nuestras vidas no nos controle, sino al revés, que seamos nosotros quienes llevemos la voz cantante.

¿Creéis que esto será posible?

Yo lo voy a intentar.

Mi nueva página personal

¡Hola a tod@s!

Además de terminar la lectura de unos cuantos libros, durante estos días de confinamiento me he dedicado a un proyecto que tenía en mente desde hace tiempo: el diseño de mi página personal. El comienzo fue duro y desolador pero, una vez tuve claro lo que quería plasmar, los siguientes pasos fueron muy divertidos.

Quizás os parezca extraño, pero uno de los motivos por los que recomiendan crear tu página personal es que te servirá como ejercicio de introspección y te ayudará a tener las ideas más claras sobre cómo quieres presentarte al mundo desde el punto de vista profesional. Así que os lo recomiendo y os animo a intentarlo 😉

Bueno, pues dicho esto, aquí os dejo el enlace:

http://www.aitanamoralestrocoli.com

Espero que os guste.

¡Os leo en los comentarios!